El turista occidental no tiene ánimo de ejercer de gurú hotelero sino que se despliega al mundo con humildad viajera, espíritu crítico y vocación hedonista.

El turista occidental no pontifica.

El turista occidental vive el momento.

El turista occidental goza del trayecto.

El turista occidental viaja.

El turista occidental se aloja en hoteles desde que era un aprendiz de turista.

El turista occidental es verdad, no utiliza el corta-pega sino un criterio personal, profesional e intransferible.

El turista occidental es generoso y por eso comparte sus hoteles favoritos.

El turista occidental busca únicamente hoteles en los que NO está como en su casa.